Luego del nacimiento existe una “hora sagrada” para la mamá y para el bebé

Todos sabemos lo importante que es el vínculo con nuestro bebé. Pero ese espacio de tiempo que transcurre luego del parto es especialmente importante para generar este vínculo.

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La vinculación madre e hijo podría ser más profunda de lo que se pensaba

Con el paso de los años,  hemos aprendido que cuando mamá y bebé están bien el nacimiento ideal debe producirse con la menor intervención  médica posible.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada mujer tiene el derecho fundamental de recibir atención prenatal apropiada y a tener un papel central en todos los aspectos de esta atención, incluso participar en la planeación, realización y evaluación de la atención que recibirá en el momento del parto.

Pero si hay un momento en que esta “humanización” resulta particularmente crucial, es durante los primeros sesenta a noventa minutos después del nacimiento, durante los cuales los especialistas aconsejan postergar todas las maniobras de rutina (como la higiene, la administración de vitaminas e hierro, o las mediciones) para que madre e hijo se comuniquen sin intermediarios, piel con piel.

La primera hora de vida es la hora sagrada. Esos minutos iniciales son un período sensible durante el cual el contacto estrecho entre la madre y el recién nacido sano puede tener efectos positivos de largo plazo, como una mayor seguridad y mejor tolerancia a la angustia de la separación.  Esta campaña iniciada por la Fundación Neonatológica Miguel Larguía para preservar esa “hora sagrada”.

Distintos estudios indican que, al colocar al bebe recién nacido sobre el pecho de la madre, el contacto piel con piel ayuda a estabilizar su respiración, temperatura  y oxigenación, mantiene sus niveles de glucemia, estabiliza su presión arterial, reduce las hormonas del estrés, disminuye el llanto y promueve el inicio precoz de la lactancia materna.

Dentro del vientre materno el bebé no sufre necesidades, no siente hambre, ni frío, ni se siente solo.   La transición al mundo exterior debería ser progresiva.  Respetar “la hora sagrada” es entregar el bebe sano a la mamá para que lo apoye sobre su pecho, piel con piel.  Esto también puede hacerse en los partos por cesárea.

Según los especialistas, si el parto no tuvo complicaciones, y el recién nacido presentó un buen estado al nacer  no es necesario separarlo de su madre.   Bañarlo, medirlo, pesarlo, tomarle la temperatura y vacunarlo puedes esperar un rato.  También es importante esperar a que el cordón umbilical deje de latir para pinzarlo y cortarlo.  Esto ayuda a prevenir la anemia, bajo nivel de glóbulos rojos en sangre.  Si una vez que nace el bebé se lo coloca a la altura del pecho de la madre la sangre que aún se encuentra en la placenta fluirá a través del cordón hacia la circulación del recién nacido.

Los bebés nacen recubiertos con una sustancia grasosa llamada “unto sebáceo” que les protege la piel contra las infecciones y permite que el recién nacido repte lentamente, sin ayuda materna, hasta encontrar el pecho por su cuenta.  Los bebes que pasaron por esa experiencia tienen más posibilidades de succionar correctamente desde el primer intento.

Los médicos tenemos la obligación de facilitar este derecho a las madres y a sus bebés y esperar  pacientemente  respetando esta hora sagrada.

FUENTE: http://bebesencamino.com/articles/luego-del-nacimiento-existe-una-hora-sagrada-para-la-mama-y-para-el-bebe